La Transubstanciación: La Presencia Real de Jesús en la Eucaristía

Comentario sobre la inspiración para este post

Recientemente he estado leyendo “The God Delusion” de Richard Dawkins. Además de ser una figura pop atea habitual, sigue la herencia liberal de la elevación de la razón por sobre todo y también presenta un rechazo y una satirización caricaturesca de la religión. Dawkins representa al Nuevo Ateo perfectamente – cientificista, antidogmático y carente de conocimiento filosófico profundo.

El libro sostiene una pobre “refutación” de las cinco vías de Tomás de Aquino, un lenguaje superfluo que no se mantiene al nivel de su argumentación filosófica y un reducido entendimiento de la teología. No obstante, mentiría al decir que no lo disfruté. Es una lectura recomendada si se quiere conocer al Nuevo Ateísmo – muy fuerte y expansivo en las generaciones más jóvenes. Aunque recomendaría leer a J. L. Mackie o a Friedrich Nietzsche si se quiere leer sobre un ateísmo más refinado.[1]

Dada mi lectura del libro, he querido explicar, por lo menos superficialmente, un tema importante para la teología cristiana – la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Presentar un poco de la complejidad y profundidad filosófica que contiene la fe cristiana es imperativo para mostrar lo banales que son las críticas de muchos Nuevos Ateos. Para muchas denominaciones, este sacramento es el summum de los sacramentos en el rito litúrgico. Abordaré el tema desde el catolicismo, pues lo profeso y es la denominación que mejor conozco.  

 

 

Sacerdote durante la Consagración

 

Ecce Agnus Dei

Fundamento Bíblico

El dogma de la presencia real de Jesús en la Eucaristía es un tema de peso teológico sustancial. El católico, por lo tanto, debe conocer en que consiste el dogma y cual es el proceso, si es posible de conocer, por el cual el pan y el vino se convierten en el Cuerpo de Cristo. No indagaré mucho en el fundamento bíblico, pues no es mi fuerte. No obstante, es de suma importancia, para la comunidad cristiana, comprobar la evidencia bíblica de la institución de la Eucaristía.

El fundamento bíblico de donde proviene el sacramento de la Eucaristía se encuentra en el evangelio de Juan. En el capítulo 6, Jesús declara que Él es “el pan de vida” (Juan 6, 35 y Juan 6, 48) y que el que “coma de este pan vivirá para siempre” (Juan 6, 51). Sin embargo, lo más importante para la institución de la Eucaristía como presencia verdadera de Cristo se encuentra en versículos posteriores. Con autoridad, Jesús les dice a los apóstoles que su carne “es verdadera comida” (Juan 6, 55) y su sangre “verdadera bebida” (Juan 6, 55) y que el “que coma de este pan vivirá para siempre” (Juan 6, 58).[2]

Transubstanciación: ¿Por qué el Cuerpo y la Sangre de Cristo se ven como pan y vino?

En un discurso de Dawkins en el Reason Rally (Rally de la Razón) en Washington D.C., él habló sobre la Eucaristía brevemente.[3] De manera satírica expresó su asombro e incredulidad hacia la posibilidad de que una persona creyese que una hostia se pudiese convertir en el Cuerpo de Cristo. Posteriormente, continuó diciendo que este tipo de aserciones deberían de ser “ridiculizadas con desprecio” ya que la religión “no está fuera de la mesa [de discusión]”. Sus comentarios fueron en son de broma – como quien se burlaría de alguien que cree que cruzarse con un gato negro trae mala suerte. Evidentemente, al ser este un dogma central de la fe cristiana, es un tema muy sensible. No obstante - y concuerdo con él - todo tema debería de estar abierto a discusión. Por lo tanto, he aquí la explicación de la transubstanciación.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el proceso por el cual el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo – la transubstanciación – “sobrepasa nuestro entendimiento”.[4] No obstante, hay detalles sobre la transubstanciación que sí podemos conocer. Para esto, nos remitimos a las ideas de Tomás de Aquino y a Aristóteles.[5]

La esencia y los accidentes

Para Aristóteles, todas las cosas contienen una esencia que los hacen ser lo que son y no otra cosa. Por ejemplo, hay una gran variedad de humanos con diferentes alturas, colores de pelo o de piel. Sin embargo, hay atributos esenciales que los hacen ser humanos y no otra cosa. En términos científicos podríamos decir que el ADN es lo esencial del humano, pero en términos metafísicos hay otros atributos que nos hacen ser humanos. Aquí puede haber un debate sobre el tema. Yo postulo que la esencia (lo que nos hace humanos) es nuestro inherente potencial para el pensamiento racional. Lo demás, (el pelo, la piel, el color de los ojos, la altura) no es esencial al humano, pues puede haber humanos con mutaciones que nacen sin ojos o sin pelo, y no por la falta de estos atributos dejarían de ser humanos. Aristóteles llama accidentes a este tipo de atributos que no son esenciales.

Esencialismo aristotélico y la presencia real de Cristo

Después de la explicación de la esencia y los accidentes, podemos pasar a explicar la transubstanciación.

En el momento de la Consagración, el sacerdote actúa in persona Christi. Es decir, lo que él dice lo dice en Cristo – como si el mismo Jesús lo estuviese diciendo.[6] En este momento, la esencia del pan y el vino cambian. Ahora, lo que esencialmente los hacía pan y vino ya no es, la esencia ahora presente los hace Cuerpo y Sangre. Sin embargo, evidentemente, se conserva la materia física. Es decir, lo que está allí molecularmente todavía es pan y vino. Si se tomase mucha Sangre de Cristo, uno podría embriagarse porque, a pesar del cambio de esencia, la materia física se conserva como atributo accidental.

Exhortación a la educación en la fe

La fe es más compleja de lo que parece. Si hemos de discutir sobre este tipo de temas, es importante conocer a profundidad lo que se practica. Nuestra fe debe de madurar. Si no, con justa razón las críticas ateas pueden atacar a una fe subdesarrollada. Sigamos educándonos en la fe, en la estética y la teología para entender el fundamento último de la existencia, Dios, y poder compartir con otros el conocimiento.

Un abrazo en Cristo.

 



[1] Aunque Bertrand Russell también podría ser interesante (a pesar de que, en mi humilde opinión, creo que le hace falta sofisticación en estos temas).

[2] En este punto, debido a la postulación de la Sola Scriptura, muchas denominaciones interpretaron este acto como simbólico (alejándose de la interpretación de la Tradición de la Iglesia primitiva y los Padres de la Iglesia como San Ireneo o San Ignacio de Antioquía). Si se quiere profundizar sobre la defensa de la presencia real, recomiendo leer el libro IV, capítulo XVIII de Contra las Herejías de San Ireneo. También este artículo de Catholic.com es útil.

[3] Este es un video del rally (el comentario lo hace en el minuto 14:24).

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, 1333. Traducción libre del inglés. En el Catecismo en español se usa la palabra “misteriosamente”.

[5] Al esencialismo de Aristóteles (posteriormente refinado por Tomás de Aquino).

[6] El sacerdote no siempre actúa in persona Christi. Es decir, si un sacerdote está jugando baloncesto no está actuando in persona Christi. Cuando él confiesa, preside una misa o bautiza sí actúa in persona Christi. Recomiendo leer este pequeño texto, en inglés, para mayor aclaración.

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