Comentarios sobre el Sísifo de Camus
Hay un cierto tipo de heroísmo en el amor que lo hace no solo peligroso, pero también exaltante y honorable. Solo los héroes llegan a amar en su totalidad. Feroces son aquellos guerreros que saben herir, pero fuertes son aquellos que resisten el dolor con alegría. Los feroces no son inmortales. Los fuertes, por desgracia, sí lo son. Estos dementes, los fuertes, se enfrentan al sufrimiento tanto que su cuerpo reclama el dolor constantemente. El sufrimiento se hace parte de ellos, como una cicatriz se hace el mismo hombre después de una herida. Ellos son espada tanto como son herida.
No hay amor sin heroísmo, sin valentía, sin coraje. Y esas virtudes solo se encuentran frente al peligro y no son necesarias ni tendrían existencia sin él. La valentía es la primera de todas las virtudes, pues para ser honesto, gentil o sabio hay que decir “¡aude!” primero. Por ello, hay algo de impulsivo e impaciente en aquellos que son valientes. Son todos aquellos más violentos hacia sí mismos, capaces incluso de arrancarse el alma, dándole forma material, para ofrecerla en sacrificio en un intento de valentía. Así es el que ama, un violento y un sádico, un enfermo y obsesivo. No hay héroes que estén bien de la cabeza, todos tienen algo de descabellado.
¿Qué es aquello que deseo? ¿Qué es aquello que amo? Decía San Agustín, “Hazme casto, Señor, pero no ahora”. ¡Ay de mí, exclamó, si consigo aquello que deseo! El hombre está vacío, siempre desea algo y el deseo siempre es de algo que no se tiene. Tal vez el desconocimiento de mi deseo haya sido voluntario, para no reconocer el hecho de la falta habitual del hombre del objeto de su deseo. Cuando te deseé fervientemente, no te tuve; cuando te tenía, ¿te deseé tan fervientemente como cuando no estabas? El hombre es más sediento bajo la lluvia que en el desierto. Entonces, ¿por qué nunca abre la boca cuando llueve? ¿Por qué solo viendo el agua le da sed? Los recovecos del inconsciente, ese que parece adormitado, se enciende a veces al estar frente a todo lo que pueda darme de beber agua viva. El perro, aunque tenga hambre cuando no hay comida, solo saliva cuando la ve.
El hombre está hecho para ser pobre. No tiene otra condición. Aún el hombre más rico, no puede escapar el ser vaciado constantemente. El que ha conseguido todo, no ha conseguido nada. La pobreza no se puede escapar. Y, sin embargo, ¿acaso eso es un problema? Nadie ha dejado de leer, aunque nunca vaya a leer todo lo escrito. No hemos dejado de comer, aunque mañana tengamos hambre. No hemos dejado de vivir, aunque mañana vayamos a morir. Nuestra lengua eternamente tendrá sed y hay más agua salada que dulce en este mundo.
Si la herida en el hombre es tan grande, ¿la espada también lo es? Abre los oídos. La respuesta nunca vendrá. Sin embargo, el trabajo de un héroe es escuchar el vacío, aunque la música nunca suene. El secreto de amar está en ese dilema. Nadie sabe amar, pues no son valientes. Amar es para quien sabe que no hay nada detrás. Amar es para los héroes. Por ello, los que aman están destinados a morir.
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